Anselm Kiefer en Gagosian

por Miguel López-Remiro Forcada

Inaugura Kiefer nueva exposición en Gagosian, Nueva York. Utilizando vitrinas, presenta en esta muestra, con el título de “Next year in Jerusalem”, objetos y pinturas que suponen un nuevo paso en su dilatada trayectoria. Lo considero uno de los grandes creadores de nuestro tiempo, escribí un ensayo sobre su obra y publico aquí unas líneas que resumen la idea allí presentada (Miguel López-Remiro, “Anselm Kiefer”, en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao; TF Editores, Madrid, 2009).

ANSELM KIEFER Flying Fortress, 2010 Airplane engine, steel, photographs, lead and oil, emulsion, acrylic, shellac on clay on canvas in inscribed glass and steel vitrine 94 1/2 x 169 5/16 x 90 5/8 inches (240 x 430 x 230 cm)

Anselm Kiefer es uno de los impulsores indiscutibles del movimiento Neoexpresionista que surge en los años 80 en Europa y en Estados Unidos, junto a otros artistas como Baselitz, Sandro Chia, Francesco Clemente o Miquel Barceló, movimiento que reacciona ante el arte minimalista, y su ideario formalista greenbergiano, que apostaba por la autonomización y esencialización de la pintura y la escultura, esto es, por la búsqueda a través de un ejercicio crítico de la esencia fundamental de cada disciplina artística. Frente a estos postulados, los neoexpresionistas se caracterizaron por retornar al objeto real, al retrato del ser humano, e incluso al empleo artesanal y tradicional de la materia prima y su presentación prácticamente brutal en la obra.

Apunta Kierkegaard cómo la ironía socrática consiste en el arte de preguntar y meditar con el otro, simplificando metódicamente el estudio para llegar a despertar el saber[1]. La ironía, desde esta concepción, es empleada para mostrar verdades “que no pueden revelarse directamente, que necesitan ofrecerse de un modo oblicuo, seminivelado, como si su luz fuera demasiado intensa para que los ojos del espíritu pudieran derechamente contemplarlas”[2]. Kiefer coincide con esta noción de la ironía como apertura y comunicación.

El arte de Kiefer destaca por su apuesta por la dimensión política más amplia del arte, siendo la práctica artística algo que tiene que ver con el un entorno o ethos. El arte es una acción, es una acción que al ser recepcionada por el espectador es integrada y altera la perspectiva personal. Por esa misma razón, es con frecuencia recibido como un sospechoso intruso, porque lo que se proyecta tiene que ver con cada uno que escucha, ve o presencia la obra, tiene que ver con la presencia de la libertad. Medirse con el arte implica el ejercicio de la libertad, como ha indicado María Antonia Labrada, es justamente el intercambio de libertades lo que está en juego. El proceso catártico o de conmoción del ánimo que se hace presente en la obra de Kiefer radica justamente en este poder comunicativo de la obra artística.


[1] Cfr. Kierkegaard, S., Sobre el concepto de ironía, en Escritos de Søren Kierkegaard, Editorial Trotta, Madrid, 2000, p. 101.

[2] Ferrater Mora, J., La muerte, la ironía y la admiración, Cruz del Sur, México, 1946, p. 40.