Tino Sehgal

por Miguel López-Remiro Forcada

Tino Sehgal, es uno de los artistas más importantes de la actualidad. Se suma a un grupo de artistas que parten de la ausencia del objeto para crear su propuesta artística, aunque realmente no es propuesta ya que habitualmente está basada en la experiencia del espectador y en nada más. Comentaba hace poco en una clase, y probablemente lo trate mañana en una tertulia con universitarios, el ejemplo de su obra para el edificio de Lloyd Wright. Esta “obra” consistió en vaciar el museo, disponiendo en las salas solamente a un grupo de actores, cuyo papel era hablar del progreso. En la primera rampa de este edificio, concebido como plaza artística y con cuya inauguración dio comienzo la revolución museográfica de los 60, nos recibía un niño que no preguntaba por el progreso; en la segunda rampa lo hacía un adolescente y así hasta llegar a la última rampa en la que nos recibía una persona anciana y que nos hablaba también de progreso. A parte del hecho ya artístico de conseguir vaciar un edificio (cuantos museos son museables sin obra…), me parece de un gran interés conseguir hacerlo a través de una obra que nos retrata como espectadores y que nos habla y pregunta sobre el progreso (justamente en un edificio que parte del ascenso como forma de apreciar el arte) Entrar en mayores descripciones quizás sea no entender la obra, ya que en realidad es una experiencia sin más.
Hace ya años en la Universidad de California siendo teacher Assistant de un gran artista como es David Antin, uno de mis alumnos hizo algo bastante similar. Yo pedí como assigment que hicieran un autorretrato y entonces pasó: creo que se llamaba Matt, se acercó antes de la clase y me dijo que en cuanto saliera a la pizarra a explicar su pieza que me marchara a dar un paseo por el bosque que rodeaba el visual arts department; yo hice lo oportuno cuando llegó el momento y me di cuenta de que no solamente era yo el que salía si no que lo hacíamos todos. Matt había dado el mismo mensaje a todos para describirse a sí mismo. Cuando volvimos a la clase nos encontramos con que había dibujado líneas paralelas en toda la pizarra, nos dijo que él era así, tal y como se había retratado en esta performance o lo que fuera.
Y entonces pensé, en aquello de que en muchas ocasiones el arte no es más que una experiencia, “una anécdota del espíritu” Rothko.